viernes, 2 de septiembre de 2011

Una pizzca de inociencia.

De pequeña siempre había pensado que las estrellas eran personas que ya no estaban en este mundo. Y que aunque estuviesen enterrados, su alma se escapaba para quedarse ahí en el cielo, haciéndonos disfrutar de esa bonita visión que son las estrellas. Bonitas, brillantes, diamantes de la noche... De pequeña cuando mi abuela murió yo siempre buscaba su estrella. Busque y busque hasta que encontré la que más brillaba. Todas las noches observaba la estrella pensando que ahí estaría ella observándome, siguiendo mis pasos, dándome la mano. Pero después cuando creces te das cuenta de que  todo en lo que habías soñado es solo una ilusión de niña pequeña. Los reyes magos, el ratoncito perez, la cigüeña que trae a los bebés ... Y siempre queriendo hacerte mayor, para despúes darte cuenta de que eres mucho más feliz cuando eres niña. Que todo te asombra, que lo único que te importa es llorar para que mama venga a consolarte, y cuando creces lloras en silencio, para evitar las preguntas. Pero ahora aún me quedo mirando a las estrellas, y vuelvo a mi infancia. Y sé que aunque la ciencia no lo confirma, estés donde estés, te sigo teniendo cerca.

NOS PASA COMO A LAS FLORES, CUANTO MÁS CRECEN MÁS SE MARCHITAN

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