domingo, 22 de mayo de 2011

Y te fuiste y no se si algún día regresaras.

Sigo buscando una sonrisa.

Y no me canso de seguir soñando no hago mal a nadie.

He vuelto a montar en bici, se me había medio-olvidado. Unos de mis sueños es ir en Vespa por Roma, preferiblemente roja. Me gustaría un día despertarme de la cama, mirar por la ventana y ver la Torre Eiffel. Quiero vivir en Nueva York durante algún tiempo. Desearía caminar por la orilla de una playa en una isla desierta con el amor de mi vida. Siempre he querido tener una cama con un dosel y sentirme la princesa de mi propio cuento. Desearía que todo fuese más fácil, la adolescencia la veo muy complicada. Me gustaría vivir en un pueblecito parecido al de Las chicas Gilmore. Sueño con ponerme algún día un vestido de princesa e ir a algún baile, también ir a un baile de máscaras. Son sueños que aún sigo soñando..

Eso es inevitable.

Cuando empiezas a amar, no quieres.No quieres ilusionarte por miedo, no quieres hacerte daño. Al final piensas en eso que dicen tanto.. " el que no arriesga no gana". y.. arriesgas. Sigues cada día ilusionada en verlo, en hablarle, en contarle lo que te ha pasado, en que por un momento piense en ti, aunque no lo tengas, lo necesitas. Y pasa un día, y otro, y otro y otro más. Y pasa el tiempo y tú, la que no quería quererlo, lo ama. Pero se acaba.. porque decidís jugar al juego de no hablaros, y a el puede que no le duela, pero a ti te mata por dentro. Deseas con todas las fuerzas, que te hable, que te mire, que mencione tu nombre, sin embargo... no da señales de vida. Entonces un día, decides pasar del todo, totalmente. Y pasa el tiempo y aseguras no pensar en el. Pero por mucho que pase el tiempo, reaccionas: te dices a ti misma, es que él es especial.

Ser pequeño ahora era un sueño antes una realidad, date cuenta puede ser a la inversa.

Cuando somos niños soñamos con cosas pequeñas, sencillas... un helado de fresa, una muñeca que llora y hace pís o esa bicicleta que tiene el vecino del cuarto.


Cuando nos hacemos mayores, nuestros sueños cambian con nosotros, se vuelven complejos como nosotros. Y de repente, la muñeca de trapo se convierte en un vestido nuevo, con él que cruzar un océano a 10.000 metros de altura para deslumbrar a tu marido en un viaje sorpresa.
Pero los sueños se rompen en pedazos cuando se topan de frente con la realidad, porque la realidad, a menudo es radicalmente distinta a como uno cree que és. Las personas no siempre son lo que aparentan ser, ni las relaciones, ni mucho menos los sueños. Y esa realidad es la que se encarga de poner a cada uno en su sitio. Lo que uno cree que es negro, puede ser blanco, y lo que uno cree que es blanco, probablemente sea de todos los colores del arcoiris. Uno sabe como empiezan las cosas, pero nunca saben como van a terminar.

¡VIVA LA FALSEDAD!, chavala.

Gente falsa. De esa que te jode el día si o si, siempre hay alguien que lo consigue. ¿Y qué? ¿Que pase de todo? ¿Que me olvide de esa gente? ¿Que son gilipollas? ¿Y qué más? Siempre lo mismo. No hay nadie que consiga decir algo diferente. Tal vez todo eso sea verdad, pero, ¿cómo voy a pasar de alguien que me ha jodido el día? No es fácil, ahora mismo haría cualquier cosa menos pasar. 

Vicios, que me vician, que me encaprichan.

Tengo el estúpido vicio de hacer todo de golpe, de que me de igual lo que pase luego. El de inventarme historias absurdas sobre la marcha, tan solo para matar el tiempo. El vicio de reírme sola como una loca mientras recuerdo tonterías. El de caminar sonriendo, sobre todo después de ver a alguien especial. El vicio de no parar hasta caerme, o hasta que consigan pararme. De escuchar la misma canción infinitas veces, hasta odiarla. El vicio de hacer lo posible para sentirme mejor. El vicio de gastarme el dinero en cosas no productivas. El de no sentirme mal cuando estoy triste, sino el de disfrutar un poco de la tristeza. El vicio de emocionarme con la lluvia, y colocarme debajo de ella hasta empaparme. El vicio de soplar al aire cuando hace frío. El vicio de llorar cuando no consigo lo que quiero. El de dormir y soñar rarezas, que solo yo entiendo. El vicio de sentir lo mismo que la protagonista a la vez que veo la película. El vicio de fallar en cosas fáciles y acertar las difíciles, una y otra vez. El de que me guste más lo difícil, y apostar por ello arriesgándome antes que ganar con algo fácil. De sentarme atrás en el coche y pensar en nada, o en todo. Tengo el vicio de salir a la calle y mirar todo de una manera diferente, de hacer encuadres como si fuera a fotografiarlo todo, y también de intentar decir las palabras que encajarían perfectamente en ese momento. Tengo el vicio de siempre creer que no me van a fallar. Y cuando me fallan, tengo el vicio de no saber rectificar o aprender del dolor. El estupido vicio de querer sin un límite. Y el de empezar las cosas por su final.

Hoy, hoy quiero olvidarme de todo y de todos, aunque sea por un día. No pensar, no actuar, dejar que las cosas sean como tengan que ser. No llorar. No me voy a preocupar ni por mi, ni por ti, ni por ella ni por él, ni por nosotros, ni por vosotros ni por ellos. Quien quiera algo que llame, que hable, que diga algo. Que cuanto más doy, menos recibo, y eso hoy se queda a parte. Y a partir de hoy, menos dar, más recibir. De un grano de arena se hacen montones, pero hoy no, hoy ese grano, acabará desapareciendo. Un mensaje, una llamada perdida, una llamada que no va a llegar a hacerse. Un viaje, una promesa, mil, todas sin cumplir. Hoy las voy a olvidar.